"2066". Roberto Bolaño.

Hace años que un libro no me producía tanto placer. Difícil dejar de leerlo. Y absolutamente imposible permitirse cualquier veleidad de "lectura rápida". "2666" ha de ser saboreado frase a frase, párrafo a párrafo. El "placer de la lectura", al fin, cobra sentido.
Bolaño -¡qué lamentable su tan prematuro fallecimiento!- es, fue, sin duda alguna, uno de los más importantes escritores de nuestra lengua. O de cualquier otra. El tema central no es complejo. Pero hay novelas dentro de novelas, muñecas chinas, palimsestos...
Lo más parecido a la novela total, que se permite una parrafada de dos páginas sin un solo punto (y, casi-casi, sin que llegues a advertirlo) para pasar a un diálogo ágil y chispeante, despliega erudición sin pedantería, incorpora un toque de poesía y otro de ciencia ficción, súbitamente es humorista o historiador, interrumpe un complejo razonamiento con una descripción sutil o una anécdota trivial y recupera el hilo narrativo sin exhibir pirueta alguna y sin obligar al lector a ninguna acrobacia para seguir la lectura. Y exactamente la misma destreza, agilidad, riqueza de recursos, exhibe en su estilo. Como el piloto de la nave espacial de un juego de realidad virtual al penetrar en una lluvia de asteroides, maniobra con pasmosa, casi increible agilidad saltando de una metáfora a una enumeración, del coloquialismo a la erudición, del diálogo hiperrealista al monólogo interior de uno de los personajes y de ahí al comentario del autor. Y pasa de una cosa a otra sin que se noten las costuras, sin alterar el ritmo narrativo, sin permitirse, en ningún momento, lucir como un experimentador formal. Sin exigirle paciencia, erudición, y amor a la literatura experimental al lector, ya sabes. Como Julián Ríos, a mi entender. O incluso aquel ya lejano Carlos Fuentes de "Cambio de Piel", siempre brillante pero un tanto "experimental" a esas alturas. No se si estoy siendo justo.
Uno de estos bloques narrativos, el más duro para el lector, que duda cabe, es aquel dedicado a los asesinatos en serie de Santa Teresa (trasunto de Ciudad Juárez. Busquen en Internet, investiguen por favor). Decenas y decenas -probablemente más de un centenar, no los he contado- de asesinatos descritos fría, metódica y suscintamente. Hasta hipnotizar al lector. Hasta acostumbrarlo a la pesadilla. Hasta demostrar que la reiteración ilimitada del horror es capaz de anestesiar cualquier conciencia, cualquier sensibilidad.
No dejéis de leer a Bolaño.