"Esplendor" de J.D. Salinger

Publicado originalmente en "Moleskine literario" de Iván Thays. Aquí tienes el enlace.

Aunque el documental "Salinger" ha tenido críticas muy duras -en especial contra el ego del director Shame Salerno- lo cierto es que este, así como la biografía que lo acompaña (editada en castellano por Seix Barral), ha puesto de moda al gran escritor. Y eso es un enorme mérito. Andrés Hax comentas en Revista Ñ, en cuatro ítems, aspectos relevantes del famoso J.D. 
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Algunos fragmentos de la nota:

Uno podría leer y releer los cuatro libros de Salinger sin deducir de ellos el dato autobiográfico más central de la vida del autor: que fue un soldado de combate en la Segunda Guerra Mundial. Específicamente, Salinger participó de la invasión de Normandía el 6 de junio de 1944. Según la biografía, J.D. Salinger, a life (2012) de Kenneth Slawenski, un mes después de la invasión, de los 3.080 soldados en el regimiento de Salinger, solo sobrevivieron 1.130. Fue el comienzo de la guerra para Salinger. Sabiendo esto, uno inevitablemente se pregunta cómo esta experiencia entra en su ficción.
La guerra de Salinger fue dura. Estuvo en la batalla del Bosque de Hürtgen, uno de los episodios más dantescos en una de las guerras más horribles de la historia humana; estuvo presente el la liberación de los prisioneros del campo de concentración de Dachau; y en los últimos meses de la guerra, Salinger trabajó en un equipo de contrainteligencia arrestando e interrogando a ciudadanos en pueblos previamente ocupados por el enemigo.
Repetimos. Aquí esta el misterio central de la vida y obra de Salinger. Por qué nunca habló o escribió directamente sobre estas experiencias. La tragedia de la guerra aparece solamente tangencialmente en algunos de sus cuentos, por ejemplo en Un día perfecto para el pez banana, donde Seymour Glass –un personaje de varios cuentos de Salinger– se suicida, irrevocablemente traumado por sus experiencias en la guerra. Pero Salinger, a diferencia de Hemingway o Norman Mailer (escritores contemporáneos que hicieron su gran fama convirtiendo sus experiencias de la Segunda Guerra Mundial en novelas clásicas).
Esto, sin embargo, no significa que no escribió durante la guerra. Al contrario, según los soldados en su regimiento, muchas veces lo vieron tipeando furiosamente aun cuando aguantaban un bombardeo alemán.
(…)
El lector apasionado de Salinger tiene que tomar una decisión. (Es la misma decisión que hay que tomar en el caso de muchos autores que huyen de la publicidad, como el de Thomas Pynchon o Cormac McCarthy). ¿Cuánto quiere enterarse sobre la vida del autor? ¿Es más honesto obedecer el deseo de Salinger y dejarlo completamente en paz? ¿O es el derecho de un lector apasionado aprender de la vida de cual surgió la obra?
Cada uno tomará su propia decisión, pero la opinión de este columnista es que para mejor apreciar el mundo de Salinger hay que restringirse a su obra y dejar al hombre en paz. Muchos autores hablan de la importancia de la obra por encima de la figura del autor. En conferencias, entrevistas, simposios y columnas de opinión se quejan sobre el trabajo de ser autor en vez de meramente escribir. Habrán muchas cosas aun por descubrir de la vida de Salinger, pero nada va cambiar el hecho fundamental de su vida como autor: el de dejar de escribir. Fue tan drástica e misteriosa como la misma decisión que tomó Rimbaud.
Pero a diferencia de Rimbaud, hay una seria duda sobre si en realidad Salinger abandonó la escritura. Lo que abandonó fue la publicación. Eso fue un sacrificio real que hizo en su vida para vivir en armonía con su moral. Hasta ahora, sus admiradores y acólitos se han tenido que limitar a releer su obra. En estas relecturas logramos una intimidad con los personajes que llega a tener una calidez humana. Los conocemos casi tanto como integrantes de nuestra propia familia. Es un regalo de amor de Salinger. Y siempre es posible que en sus cuarenta años de silencio estuviera escribiendo furiosamente. Es posible que poco a poco los Glass sigan saliendo al mundo. Para los devotos, sería la mejor recompensa por haber mantenido la fe en Salinger.