Tobias Wolff: “Desearía tener una imaginación más prolífica”

Leído en "Moleskine literario", de Iván Thays. Aquí tienes el enlace.

Tobías Wolff, el genial autor de Vida de este chico y Vieja escuela (ambas en Alfaguara), llegará a Buenos Aires para participar del FILBA. Andrés Hax, para Revista Ñ, logra entrevistarlo y repasa con él su obra y la literatura norteamericana contemporánea. Buen anticipo.
Algunas preguntas:

Para entender sus motivaciones al elegir en qué género va a escribir cuando encara un libro, le pregunto: ¿“Vieja escuela” podría haber sido escrita como memoria y “Vida de este chico” como novela?
Me parecía que al escribir Vieja escuela –tomaré ese caso primero–, para darle poder a esa narración, realmente necesitaba inventar y comprimir bastante. Y una vez que comienzas a inventar concientemente, tienes que reconocer lo que estás haciendo y decirte a ti mismo: estoy escribiendo ficción. Una vez que te has anunciado que estás escribiendo ficción te has dado una gran libertad.
Puedes hacer o decir lo que quieras. Entonces, muchos de los eventos que ocurren en Vieja escuela nunca sucedieron. Algunos sí. Robert Frost visitó nuestra escuela, entre otros escritores. Pero inventé mucho de lo que él dice. Yo soy más joven que el narrador de mi libro. Y como un niño más joven dentro de los grados me tocó sentarme en uno de los asientos de atrás cuando vino Frost a mi colegio a dar un discurso, entonces ni escuché demasiado. Pero la invención en el libro me permitió darle una forma a la narrativa que mi experiencia verídica no hubiera tenido. Como una memoria no lo podría haber llevado al punto tan decidido como hice en la ficción. Por otro lado, me parece que mi crianza, vista de cierta manera, tenía una forma narrativa. Obviamente, siempre estamos dándole forma al pasado cuando lo describimos. Estas omitiendo cosas, estamos enfatizando otras. Y la memoria en sí misma es una narradora. La memoria le da forma a las cosas. Hay un proceso inconsciente de dar forma que ocurre aun antes de que comiences a escribir desde la memoria. Y con las elecciones que tomas, estás dando forma otra vez más. Pero en el caso de Vida de este chico no inventé. Las cosas que escribo sucedieron de verdad: de la forma que pasaron y en los tiempos que digo que pasaron. Me hice responsable de esto porque al libro iban a leerlo mi hermano, mis amigos, mi familia. En un sentido, entonces, escribí ese libro bajo la mirada de otras personas. Ellos sabían qué era verdad y qué no. Nunca discutieron mi visión de los eventos.
(…)
Como profesor de escritura creativa, ¿alguna vez le dijo a una persona que no iba a llegar nunca a ser escritor?
No, nunca sentí que fuera mi lugar decirle eso a una persona. Que no iba a ser escritor. Y te diré por qué: porque me hubiera equivocado. Lo he pensado de algunos de los alumnos que he tenido ¡y dos de ellos se han convertido en escritores muy famosos! Entonces, yo sé que no soy un profeta. Por un lado, yo no era muy buen escritor cuando empecé. Realmente no lo era. No lo estoy diciendo con falsa modestia. Lo que logré lo he logrado por haber trabajado mucho. Y leí mucho. Y pensé mucho sobre escribir. Y después leí más y seguí escribiendo. Trabajé. Si me convertí en un buen escritor no fue por un don natural. Fue por la dedicación y el trabajo que hice. Y también por el amor que tengo a escribir. Entonces cuando me toca alguien que está terminando su adolescencia y no es muy bueno no pienso desanimarlo. A la larga, si no tienen talento, ellos se desanimarán solos. Encontrarán otra cosa para hacer que les quede mejor. Pero yo sé que ellos pueden hacer lo que hice yo, que es trabajar. Es muy posible que ellos podrán superar las cosas que observo como impedimentos para su escritura.
¿Qué problemas suelen tener y cómo se los corrige?
Esas cosas se las señalo y digo: “Tus personajes son muy débiles. Estás dependiendo de nosotros para crear el personaje y sos vos el que tiene que hacer eso. O, tu lenguaje es muy flojo y desprolijo acá: usás un adverbio cada vez que usás un verbo, no hace falta, es reescribir los verbos; tus oraciones no terminan más y se desangran hasta morirse”. Uno le puede marcar ese tipo de cosas sobre su trabajo y eso les ayudará. Pero nunca voy a decir: “¿Sabes qué? No eres un muy buen escritor y no vas a ser un buen escritor nunca”. No es mi lugar. No es mi lugar porque no puedo ver el futuro y sé que uno, si trabaja, puede mejorar.
Hoy en día usted trabaja con el mismo esfuerzo y dedicación como cuando empezó? Lo escuché decir que, con el tiempo, resulta más fácil escribir.
No, nunca es más fácil. De hecho, de alguna forma se hace más difícil, porque tienes que… a ver. Todas las cosas que escribiste son cosas que no puedes escribir otra vez. Y esas son cosas que querías escribir, que estuvieron dentro tuyo durante años. En cierto momento estás yendo muy profundo, y se hace más difícil porque tienes normas más altas con vos mismo. Cuanto más inmerso estás en la escritura sos más consciente del magnífico trabajo que hacen otros escritores. Es decir, podrías esforzarte más. Por eso se pone difícil. Uno tiene que seguir trabajando siempre y la escritura nunca se convierte en algo fácil.
Creo que hay algunos escritores que tienen una fluidez natural. Pienso en Joyce Carol Oates o John Updike: la escritura fluye en ellos de una manera que desearía ocurriera conmigo, pero no es así.
¿Siente el deseo de poder escribir más?
Sí. Desearía tener una imaginación más prolífica.
(…)
Me da la sensación de que no ha salido una gran novela sobre las guerras de Irak. Si es así, ¿a qué se debe?
Es verdad. Estoy siempre atento, pero aún no la he visto. Me parece que la buena escritura sobre este tema han sido los reportajes. El libro de George Packer, Assassin’s Gate ; The Forever War de Dexter Filkins. Han sido los escritores de no ficción quienes realmente han hecho los grandes trabajos sobre nuestras guerras recientes. No estoy seguro cuál es la razón de eso.
¿Será que sucede que los escritores más inteligentes y más ambiciosos se dedican a la no ficción?
¿Sabes cuál creo que es, en parte, el problema? Es que ya no hay servicio militar obligatorio. Cuando yo estaba en el ejército, aunque fui voluntario –idiota que fui, tenía 18 años– muchas de las personas… a ver, por ejemplo Tim O’Brien. Creo que Tim O’Brien escribió las grandes obras de ficción sobre Vietnam. Nunca hubiera escrito esa ficción si no hubiera sido reclutado. Muchos escritores que se distinguieron al escribir sobre Vietnam fueron reclutas. De otra forma, esa gente no hubiera estado en el ejército. No estás consiguiendo ahora ese tipo de corte de la población que es atraída por la literatura, que ha sido criada en torno a obsesiones literarias. Ahora, en su mayoría, el ejercito está compuesto por recientes graduados de la secundaria que no suelen ser muy académicos o literatos. Algunos lo son, pero no como en la Segunda Guerra Mundial. En el ejército de hoy no hay una representación completa de la sociedad que incluye a la gente literaria que después volverá a casa siendo testigo de lo que vio. Ahora tenemos, tal vez, buenos blogs, una novela de vez en cuando como The Yellow Birds , o hay un poeta llamado Brian Turner que recomiendo mucho. Su primera colección de poemas se llama Here, bullet [Acá, bala]. Es un libro maravilloso de poesía. El estuvo en la infantería en Irak, pero había asistido a un programa de escritura en Oregon antes de entrar al ejército. Es un ejemplo inusual. Toda la demográfica de los servicios armados ha cambiado tanto, que esa será una de las razones. Pero también ahora, en general, estamos inmersos en una cultura menos literaria.
Más allá de la literatura, esto habla mal de la sociedad y de las fuerzas armadas también, ¿no es así?
Sí, es correcto. Paradójicamente, dado que tengo dos hijos, estoy a favor del servicio militar obligatorio. Me gustaría que volviera. Creo que sería bueno para el país. Hay algo moralmente repugnante para mí en sólo mandar a los pobres a luchar en nuestras guerras. No me gusta nada, nada. Y que todos los demás, como dijo George Bush, vayan de paseo, de compras. Van a Disneylandia y se olvidan del tema. Curiosamente, muchos de mis amigos, profesores en Stanford, todos piensan igual.