La tierra moribunda



Han transcurrido muchos años, siglos y milenios. Las naciones, las ciudades, las culturas, las ideologías, las religiones y las tecnologías se han ido sucediendo unas a otras y, eventualmente, se han ido olvidando. Y en un momento histórico dado, con insignificantes restos de sofisticadas tecnologías en manos de pequeños sectores de la humanidad, amplia presencia de la magia -presumiblemente un subproducto de una ciencia olvidada- , en un planeta ya sin luna y bajo un sol rojo, poblado por diversas criaturas hoy desconocidas amén de una pequeña población humana... empiezan las historias del ciclo o saga de "La tierra moribunda", de Jack Vance.

Sin renunciar claramente a su autodefinición como escritor de CF, Vance -en estas novelas- se halla más cerca -mucho más cerca- de la narración fantástica pura y dura. Del cuento de hadas para adultos si me fuerzan a decirlo. Con imaginación, coherencia interna y un exquisito lenguaje poético, nos cuenta un serie de hermosas historias.
En algunos momentos me recuerda a una de mis escritoras favoritas, la extraordinaria Ursula K. Le Guin, la de las historias de Terramar.  Y. en algunas ocasiones, llega a ser incluso ...  un tanto "gótico". Como la historia del anciano que se encuentra Guyal de Sfere, tocando una melodía a la muerte a su sobrina.

La saga comienza con "La tierra moribunda" (nombre de la saga y del primer título, sólo para confundir al personal), sigue con dos novelas centradas en un mismo personaje, Cugel, un pícaro del siglo "sopotocientos" después del último profeta conocido.  Y termina con "Rhialto, el prodigioso" donde casi toda pretención de ciencia es pasada por alto para ofrecernos un cuento de magia ambientado en el más lejano futuro imaginable. Como muestra, un botón: un grupo de magos navegando hacia los confines del espacio conocido a bordo de un castillo volador, atendidos por las mujeres más hermosas de la historia revividas por la magia de uno de ellos. Hasta que llegan a un sólido muro negro conocido como "La nada"...