“Una vacante imprevista”, de HP Rowling. La tan esperada "novela adulta" de la creadora de Harry Potter.

No creo en la necesidad de “sicoanalizar” a los escritores. Generalmente, es un exceso de celo de los críticos.

Pero en algunos casos, puede ser útil para tratar de entender el comportamiento de algunos autores. Difícilmente explicable sin especular un poco sobre el porqué de algunas decisiones controversiales, algunas elecciones, algunos comportamientos.
H.P. Rowling, tú la conoces, se hizo mundialmente célebre con su saga de “Harry Potter”. Dirigida inicialmente a un mercado claramente infantil, a medida que pasaban los años y crecían sus protagonistas, crecía también el público seguidor de la saga. Y Rowling, o más bien su obra, supo crecer con ellos. Los personajes fueron madurando. Sus intereses, sus preocupaciones, incluso su lenguaje. Y la trama fue enriqueciéndose, cobrando densidad y complejidad. El resultado final es una obra difícilmente limitada a la audiencia "infantil". Incluso, quizás, poco adecuada para ellos, para los que son niños todavía.

Aunque miles, millones de lectores disfrutamos del talento de la escritora británica y de las aventuras de Harry, Hermine, Ron y toda la panda de amigos, brujos, hombres lobo y uno que otro “mugget” sin pedir excusas por nuestras “lecturas” infantiles, siempre quedó un grupo de críticos que insistían en el carácter pueril de la obra.
Y lamentablemente, convencieron de ello a J.H. Rowling.
Probablemente por ello, la gran escritora ha parido su “Una vacante inesperada”, su tan esperada primera “novela adulta”. Y lo hizo olvidando todo aquello que ya tenía, capaz de convertir cualquier obra en maestra. El interés de la trama, la riqueza de los perfiles sicológicos de los personajes, la descripción de los escenarios y entornos, la creación de “atmósferas” adecuadas para el momento narrativo o, por el contrario, sorprendentemente contrastantes con el mismo, el manejo del suspense, la habilidad en el uso de los tiempos narrativos…
En esta ocasión, la Rowling sacrificó todas esas virtudes y atributos por la utilización de una serie de tópicos que, supuestamente, definen una obra “adulta”. Y ni siquiera se animó a “elegir” en el menú de ingredientes posibles. Lo utilizó todos: pobreza crítica, problemas sicológicos, marginalidad, alcoholismo, borracheras, violación, drogas, suicidio, abuso de menores…
En resumen (sin dar demasiadas pistas al que todavía no haya leído la obra): el súbito fallecimiento de Barry Fairbrother,  un cuarentón miembro de un “Consejo Municipal” la población de Paford, queda en shock. Y despierta una serie de ambiciones sucesorias, venganzas, odios de clases, luchas de adolescentes contra padres, esposas contra maridos, profesores contra sus alumnos, intensas pasiones incluidas algunas absolutamente impublicables, revelando un pueblo en guerra en lo que parecía un bucólico pueblo de postal turística.
Por supuesto, la utilización de estos elementos no excluye la posibilidad de una obra maestra. Pero no son condición suficiente para definir ésta. Y “Una vacante inesperada” se queda ahí: en el catálogo de temas supuestamente adultos, sin profundizar en los personajes, sin crear ningún tipo de suspense, sin ofrecer ningún género de sorpresas para el lector, sin plantear situaciones que lleven a éste a pensar de determinada forma, sin sembrar inquietudes, sin proponer hipótesis, sin crear imágenes, situaciones o personajes brillantes, inspiradores o aleccionadores, aunque sea en sentido negativo. Nada de ello.
Y lo más importante: sin haber construido una historia interesante.