Memoria sin cuenta. |
Lo preguntó en 1984 el binomio José Ignacio Cabrujas–Ibsen Martínez, en su guión televisivo del unitario El día que se acabó el petróleo. Nos pareció talentosa pero loca ficción pues éramos menedependientes. Ahora, cuando leo a Eduardo Liendo en El día que me quieras (Seix Barral 2014) frase que da título a su magnífica novela y a uno de mis boleros predilectos, cabe denunciar que por falta de instituciones y de una oposición formal eficaz, al gremio comunicacional y artístico nos toca exigir sin medias tintas un auténtico balance financiero oficial.
La troika delictiva y sus herederos responde como siempre con mentira, insulto y amenaza desde listados fascistas.
Por contraste, la deliciosa narración de Eduardo Liendo si da cuenta, sin secretos ni trampas. Fluida y tierna registra minuciosas cuitas y cuentos a la distancia de toda una vida venezolana en setenta años desde mediados del siglo XX hasta hoy, casi todos apacibles, exceptuando los intentos subversivos a lo Fidel y Che, a algunos de sus actores están hoy en Fuerte Tiuna, Miraflores y sucursales. La mayoría del ‘ta barato dame dos’ escapó de la frágil realidad local con mitos fílmicos, literarios y musicales. La melancolía de ese recuento nos señala como generación sortaria, culta y creativa, apta para recibir la modernidad civilizada. Pero políticamente inmadura, ciega, ingenua, pasiva, confiada en que nuestra negra mina era eterna y que defender el otro ‘contigo’, el país demócrata era asunto ajeno, exclusivo de una casta: políticos corruptos, técnicos latosos y analistas necios. Que involucrarse en esa trama no era obligante ni sabroso. Nos bastaba con “dar por vivido todo lo soñado”. Este libro es una literaria, valiente limpieza de alma. Nunca es tarde para el perdón si por fin, ahora somos políticamente adultos al exigir(nos) y rendir(nos) cuentas claras, numéricas y letradas. Y si bajo control financiero se puede todavía sembrar el mene con arte, ciencia y tecnología, tal como lo entendió y fundó el estadista Rómulo Betancourt. Pero todo eso conlleva el reinicio de una libertad honesta y socialmente comprometida, la por venir si por fin, en verdad crecimos a fuerza del sufrimiento que tiene retrato en las calles del hambre furiosa y en Ramo Verde.
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